Viaje a las Estrellas

Esta página nace con el propósito de compartir y catalogar algunas de las herramientas  que hacen posible una divulgación astronómica verdaderamente inclusiva accesible, en la que no se  dependa exclusivamente del sentido de la vista.

El valor de estos materiales reside en su capacidad para generar una inmersión total. Sin perder su belleza e impacto visual, permiten a los participantes en nuestras actividades asimilar escalas de dimensiones y conceptos astrofísicos complejos que, de otro modo, serían difíciles de imaginar.

Te invitamos a explorar estos recursos diseñados para abrir la mente al descubrimiento del cosmos, sin importar las capacidades físicas individuales.

Aquí encontrarás una cuidada selección de materiales inclusivos que están clasificados por temáticas, con capacidad de transformar conceptos abstractos en experiencias tangibles y multisensoriales. Nuestros recursos permiten sustituir la observación visual por la exploración táctil y auditiva.

Asimismo, damos un papel protagonista a las sonificaciones, herramientas que convierten datos científicos en audio, permitiendo "escuchar" eventos como el Big Bang o fenómenos celestes.

El Sol

Modelo de escalas relativas de algunas estrellas: Sol (esfera amarilla) - Arcturus (esfera naranja) - Rigel (esfera blanca) - Betelgeuse (esfera gigante).

  • Arcturus: ~25 veces el Sol.

  • Rigel: ~79 veces el Sol.

  • Betelgeuse: Entre 700 y 1.000 veces el Sol.

Modelo de la fotosfera solar

Su textura simula la granulación (células convectivas de plasma) y las zonas pintadas de negro ilustran las manchas solares, áreas más frías causadas por el magnetismo del Sol.

Modelo en sección transversal de la estructura interna del Sol

Muestra sus capas principales: desde el núcleo central, pasando por las zonas radiante y convectiva, hasta llegar a la fotosfera y la cromosfera

Modelo de la cromosfera solar

Se observan las manchas solares (zonas oscuras) y una gran protuberancia solar (el arco que sobresale), mostrando cómo el plasma reacciona a los campos magnéticos.

A través de la exploración táctil y visual se asimilan los fenómenos más característicos de la física solar.

La Luna

Modelo topográfico en 3D de la Luna, orientado con el Norte en la parte superior.

Representa la cara visible. El rasgo geográfico dominante en la imagen es la gran planicie del Mare Imbrium (Mar de la Lluvia). En su borde se distingue claramente el Sinus Iridum (Bahía del Arcoíris), esa estructura en forma de "C" o bahía semicircular.

La luna al alcance de todos los sentidos

Este mapa táctil representa la cara visible de la Luna y ha sido diseñado específicamente para ofrecer una experiencia multisensorial. Su relieve pronunciado permite distinguir mediante el tacto la diferencia entre las suaves planicies de los «mares» y las amplias zonas del hemisferio sur, llenas de cráteres y montañas. Al incluir etiquetas de texto sobre la superficie, funciona como una herramienta educativa inclusiva, ideal para comprender la geografía lunar tanto visual como manualmente.

El alunizaje de la misión Apolo 11:

Con estos dos modelos se narra el complicado alunizaje que realizó el Apolo 11, en el que el ordenador de a bordo conducía el Módulo Lunar hacia un gran cráter, lo que irremediablemente suponía el fracaso de la misión. ¿Qué hizo el comandante Neil Armstrong? Tomó el control manual. Las palabras «Houston, aquí Base de la Tranquilidad, el Águila ha aterrizado» dejaron atrás momentos de enorme tensión.

El vehículo: Una maqueta detallada del Módulo Lunar "Eagle" (con su etapa de descenso dorada) junto a los astronautas sobre la superficie. El lugar: Un relieve topográfico que representa el terreno de la zona de alunizaje, «Base de la Tranquilidad», mostrando los cráteres y la planicie del Mar de la Tranquilidad

«Un pequeño paso para un hombre ... un gran salto para la Humanidad»

Esta icónica fotografía muestra la huella del astronauta Buzz Aldrin impresa en el fino polvo lunar (regolito) durante la misión Apolo 11 en 1969. Buzz la fotografió para estudiar la mecánica y cohesión del suelo lunar.

¿Imaginas cómo es la cara de la Luna que no podemos ver desde la Tierra? ¿Está siempre oscura?

En contra de la creencia popular, esa cara no está siempre oscura. Recibe la misma cantidad de luz solar que el lado que vemos, y tiene sus propios ciclos de día y noche. La llamamos «oculta» simplemente porque la Luna tarda lo mismo en girar sobre sí misma que en rodear la Tierra, mostrándonos siempre el mismo rostro.

Visualmente es un mundo muy diferente. La cara oculta es un terreno muy accidentado, como muestra el modelo 3D detallado. Es una superficie repleta de cráteres superpuestos y montañas, pero carece casi por completo de las planicies de lava (mares) característicos de la cara visible.

Disco lunar táctil con nomenclaturas cara visible

Sección cara oculta lunar

Modelo del LEM sobre superficie lunar

Mapa en relieve de la zona de aterrizaje de la misión Apolo 11

Fotografía de una huella sobre la superficie lunar tomada por el astronauta Buzz Aldrin de la mision Apolo 11. NASA. 1969

Huella sobre la superficie lunar del astronauta Buzz Aldrin de la misión Apolo 11. Pieza en yeso policromado.

Modelo topográfico de la Luna en relieve.

Fotografía del Mare Imbrium tomada por la sonda Lunar Orbiter. NASA. 2002

Planetaria: Los orígenes del Sistema Solar

Así nace un sistema solar.

Se integra a continuación una secuencia temporal generada con modelos 3D junto con la fotografía tomada por ALMA. Una estrella similar a nuestro Sol, situada a unos 450 años luz de la Tierra en la constelación de Tauro, comienza a nacer. Los anillos brillantes de color naranja son polvo y gas cósmico orbitando la estrella central. Los anillos oscuros son surcos en los que los científicos creen que se están formando planetas. Estos actúan como "aspiradoras" que limpian el polvo y el gas en su camino, haciéndose con ello cada vez más grandes.

Modelo de tamaños relativos de los planetas del Sistema Solar

Este modelo se ha construido para poder tener en nuestras manos todos los planetas del Sistema Solar y explorar sus tamaños relativos. Con él se comprende más fácilmente, y de forma táctil, lo que sucedió en el proceso de formación planetaria

Cerca de la estrella central, el calor es intenso. Solo los materiales resistentes con altos puntos de fusión, como rocas y metales, pueden mantenerse sólidos. Esto da origen a los planetas interiores o rocosos (Mercurio, Venus, Tierra, Marte): cuerpos pequeños y densos. Por esta razón, los modelos que los representan son pequeñas esferas sólidas.

Más lejos, cruzando el Cinturón de Asteroides y tras la llamada «línea de hielo», el frío permite que gases y líquidos se congelen. Esto hizo que los gigantes gaseosos (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) formaran núcleos masivos capaces de generar la gravedad suficiente para atrapar enormes capas de gas de la nebulosa original. Por eso sus tamaños son gigantescos respecto a la Tierra (en Júpiter cabrían más de 1.300 Tierras), pero son mucho menos densos (Saturno flotaría en el agua). Estos planetas están representados por modelos blandos al tacto.

Este conjunto de materiales, diseñados para divulgación multisensorial, muestra una secuencia temporal generada con modelos 3D, junto con la fotografía tomada por el telescopio ALMA. En ella, una estrella similar a nuestro Sol, situada a unos 450 años luz en la constelación de Tauro, está naciendo.

Los anillos brillantes de color naranja están formados por polvo y gas cósmico que orbitan la estrella central. Los anillos oscuros son surcos donde los científicos creen que se están formando planetas; estos actúan como "aspiradoras" que limpian el polvo y el gas a su paso, creciendo aumentando progresivamente de tamaño el planeta  en formación (protoplaneta).

El Gran Reciclaje Cósmico

Mira la figura de los Pilares de la Creación. Tócala, cierra los ojos y piensa que no son simples nubes de colores; allí nacerán estrellas y quizá planetas. Se trata de columnas de gas y polvo cósmico que actúan como una inmensa guardería estelar. Forman parte de la Nebulosa del Águila, dentro de la constelación de Serpens (la Serpiente), específicamente en la zona de su "cola", visible desde las latitudes boreales en los meses de primavera y verano.

Están situados a una distancia aproximada de 6.500 años luz de la Tierra, por lo que la luz que percibimos actualmente comenzó su viaje hace más de seis milenios. Lo más asombroso es su enorme tamaño: las prolongaciones que se aprecian en la parte superior son, en realidad, mucho más grandes que la totalidad del Sistema Solar. Este modelo táctil permite convertir una de las maravillas más icónicas de la astronomía en una experiencia tangible y accesible para todos.

Modelo inclusivo de tamaños relativos de los planetas del Sistema Solar

Modelos de planetas del Sistema Solar con texturas acordes a sus composiciones (rocosos o gaseosos)

Modelo inclusivo de "Los Pilares de la Creación"

Fotografía de "Los Pilares de la Creación"

Cuerpos menores: Cometas, planetas enanos y asteroides

La "Cara B" del Sistema Solar

Cuando piensas en el espacio, seguro que lo primero que te viene a la cabeza son el Sol y los ocho planetas clásicos que has estudiado mil veces. Pero ¿y si te dijera que eso es solo una parte de la historia? El Sistema Solar es mucho más grande, más caótico y está mucho más poblado de lo que parece. En esta sección vamos a dejar de lado a los ocho planetas para centrarnos en los verdaderos supervivientes: los asteroides, cometas y planetas enanos.

Las estrellas fugaces, el fenómeno más "visible" de nuestro vecindario

Aunque las llamamos «estrellas», lo que vemos no está a años luz, sino ocurriendo justo en nuestra propia atmósfera. Son, en realidad, meteoros: fragmentos de roca o polvo espacial que se cruzan con la Tierra.

Este modelo inclusivo nos permite «tocar» el momento exacto en que el fenómeno se vuelve visible. Muestra cómo, al entrar la roca a velocidades superiores a los 40.000 km/h, el aire no tiene tiempo de apartarse. Se comprime violentamente frente a ella, generando una ola de calor extremo (más por la compresión de gases que por la fricción) que hace que el meteoro brille y se desintegre, creando la «estrella fugaz». Ese calor intenso está representado en la textura rugosa y los colores cálidos del modelo.

Estos fragmentos suelen ser tan pequeños como un grano de arroz y se evaporan antes de caer. Solo si el trozo de roca sobrevive al calor y la presión, llega a la superficie convertido en meteorito. Gracias a la Asociación Astronómica Inclusiva Viaje a las Estrellas, puedes tener algunos en tus manos... ¿Y qué te parecería verlos a través de un microscopio para observar los ladrillos de la formación planetaria, los cóndrulos?

¿Qué es un planeta?

Hasta 2006, no existía una definición oficial estricta. Sin embargo, al descubrirse cuerpos similares a Plutón (como Eris) en los confines del Sistema Solar, surgió un problema: o teníamos cientos de planetas nuevos, o definíamos bien qué eran. Para poner orden, la Unión Astronómica Internacional (UAI) estableció tres condiciones obligatorias:

  1. Orbitar alrededor del Sol.

  2. Tener forma esférica (lo que implica tener suficiente masa y gravedad para lograrlo).

  3. Haber limpiado su órbita; es decir, no compartir su camino con otros objetos o cuerpos de tamaño similar.

En concreto, Plutón cumple las dos primeras, pero falla en la tercera: comparte espacio con muchos otros objetos helados. Por eso, la UAI lo reclasificó como planeta enano. Fue una decisión difícil, pero necesaria para mantener la coherencia científica

La receta de la vida se hace con solo 6 elemetos químicos

Si analizamos de qué estamos hechos, descubrimos que el 97% de la masa de los seres vivos se compone de solo seis elementos químicos:

  1. Carbono (C): El «esqueleto» o base de todas las moléculas orgánicas.

  2. Hidrógeno (H): El componente esencial del agua.

  3. Nitrógeno (N): Un ingrediente clave en nuestro ADN y proteínas.

  4. Oxígeno (O): El motor de la respiración celular y componente del agua.

  5. Fósforo (P): Fundamental en los huesos y transporte de energía.

  6. Azufre (S): Componente que ayuda a la formación de las proteínas.

Algunos meteoritos han dejado huella

Este modelo representa una de las cicatrices de impacto mejor conservadas del planeta: el Cráter Barringer (o Meteor Crater). Se encuentra en el desierto de Arizona (EE. UU.) y se formó hace unos 50.000 años.

Sus dimensiones son impresionantes: tiene un diámetro de 1.200 metros y una profundidad de 170 metros. Para visualizarlo mejor, imagina que un edificio de 60 pisos cabría perfectamente dentro.

Lo más sorprendente del cráter es la desproporción entre su tamaño (la huella) y el meteorito (el pie) que lo formó. Se estima que el objeto medía apenas unos 50 metros de ancho (compuesto de hierro y níquel). Sin embargo, al golpear la Tierra a una velocidad superior a los 20.000 km/h, la energía liberada fue tan violenta que la roca se vaporizó casi por completo, excavando este gigantesco agujero que observas en la maqueta

La mayoría de los elementos pesados que te componen, como el carbono de tus células o el hierro que tiñe tu sangre de rojo, no existían al principio del universo. Como muestra esta colorida tabla periódica, estos ingredientes esenciales se «cocinaron» a fuego lento en el interior de estrellas gigantes. Cuando estas estrellas explotaron espectacularmente como supernovas, lanzaron estos nuevos materiales al espacio, formando nubes que con el tiempo dieron origen a la Tierra y, finalmente, ¡a ti!

Fíjate en los colores de la gran tabla periódica que hemos construido para ti. El hidrógeno de tu cuerpo, presente en cada gota de agua, es el elemento más antiguo, creado directamente en el Big Bang (color rojo). El carbono y el oxígeno, fundamentales para la vida, se forjaron por fusión nuclear dentro de estrellas grandes y pequeñas (colores amarillo y azul respectivamente). Gran parte del hierro que corre por tus venas nació en las violentas explosiones de supernovas (color naranja). Eres, literalmente, una colección de átomos forjados en el horno de las estrellas a través de la historia del universo.

Todos estos elementos están presentes en los cuerpos menores de nuestro Sistema Solar, como legado de los componentes químicos que formaban la nube de gas y polvo de la que nació.

Los cometas, viajeros de otras tierras, incluso de otros mundos

Los cometas son básicamente "bolas de nieve sucia"; una mezcla de hielo, polvo y roca que actúa como una cápsula del tiempo, pues contiene los materiales intactos de los que nació el Sistema Solar.

La mayoría son viajeros de los confines de nuestro propio vecindario: vienen de la Nube de Oort, una región esférica que envuelve los límites exteriores del Sistema Solar. Allí, billones de pequeños cuerpos helados aguardan congelados hasta que la gravedad los empuja hacia el interior, en dirección al Sol.

Al acercarse a nuestra estrella, su hielo se sublima (pasa de sólido a gas) creando la característica cabellera y la cola, un fenómeno que produce fascinación cuando es visible desde la Tierra. A estos, que tardan más de 200 años en completar una vuelta al Sol, los llamamos cometas de periodo largo.

Modelo cometa interestelar Oumuamua

Modelo cometa interestelar 3I/Atlas

Los planetas enanos, nuestros olvidados de mayor tamaño

Solemos pensar que entre Marte y Júpiter solo hay escombros, pero allí se esconden mundos fascinantes. El protagonista indiscutible es Ceres. La sonda espacial Dawn de la NASA, que lo alcanzó en 2015, nos reveló que no es una simple roca irregular. Su gravedad es tan fuerte que lo ha moldeado hasta hacerlo casi perfectamente esférico.

Para entender su escala, observa la comparación con la Península Ibérica: con sus 940 km de diámetro, Ceres es un coloso que cubriría por completo España y Portugal. Pero lo más increíble es su interior. Como muestra el modelo de corte transversal, Ceres no es un bloque de piedra homogéneo; está «diferenciado» en capas, con un núcleo rocoso y un manto rico en hielo y agua.

También encontramos a Vesta, el segundo cuerpo más grande del cinturón (con unos 525 km de diámetro). La sonda Dawn llegó a él en julio de 2011 y lo orbitó durante 14 meses, cartografiando su superficie con miles de fotografías espectaculares.

Tanto las imágenes como esta reproducción táctil revelan que Vesta tiene forma de «patata». Esto nos enseña una lección de física: aunque es enorme, no tuvo suficiente masa ni gravedad para convertirse en una esfera perfecta, algo que sí logró Ceres.

El vecindario de los escombros: El Cinturón de Asteroides

Ceres y Vesta viven rodeados de millones de rocas más pequeñas en el Cinturón de Asteroides, ubicado entre Marte y Júpiter. Piensa en esta zona como una obra de construcción abandonada: son los "ladrillos" que sobraron cuando se formó el Sistema Solar. La inmensa gravedad de Júpiter impidió que se unieran para formar otro planeta, dejándolos dispersos para siempre.

Cruzan nuestro sistema solar a velocidades imposibles de alcanzar por nuestros propios cometas, y nos ofrecen una oportunidad única de estudiar la composición de otros cuerpos celestes en sistema lejanos sin tener que viajar hasta ellos.

Modelo del cometa Halley

Este es el caso del famoso cometa Halley, que tarda aproximadamente 76 años en dar una vuelta completa alrededor del Sol.

Durante su último paso cerca de la Tierra en 1986, la sonda espacial Giotto, lanzada por la Agencia Espacial Europea (ESA), logró acercarse y obtener las fotografías más detalladas de su núcleo hasta esa fecha. Gracias a ellas, se ha logrado reproducir en 3D la forma real del cometa para que puedas sostenerlo con tus propias manos

La variedad aquí es increíble, tal como muestran estos modelos:

  • Tipo monolito (Eros): Si tocas el modelo alargado, estarás explorando el asteroide Eros. Tiene forma de cacahuete o patata deforme porque, al ser pequeño (unos 34 km de largo), no tiene suficiente gravedad para volverse esférico. A diferencia de los cometas, es roca sólida y seca. Fue el primer asteroide en ser orbitado y en el que aterrizó una sonda humana.

  • Tipo "pila de escombros": El otro modelo, esa esfera abierta llena de piedras sueltas, revela un secreto sorprendente. Muchos asteroides no son una sola roca dura, sino «pilas de escombros»: cúmulos de grava y rocas mantenidos juntos muy débilmente por su propia gravedad.

Entender esta diferencia es vital: si intentáramos desviar un asteroide de este tipo con un explosivo (como en las películas), la explosión sería absorbida por los espacios vacíos entre las piedras, amortiguando el golpe como si pegaras a un saco de arena.

Pero también existen cometas de periodo corto, que nacen en regiones más cercanas: el Cinturón de Kuiper y el Disco Disperso. Ambos son anillos de cuerpos helados situados más allá de la órbita de Neptuno.

Además, hemos descubierto fascinantes «visitantes interestelares» provenientes de otras estrellas. En los últimos años hemos detectado intrusos como Oumuamua o el cometa 2I/Borisov. Ambos fueron expulsados de lejanos sistemas estelares de nuestra galaxia

Representación de los confines del Sistema Solar: se observa la Nube de Oort como un envoltorio esférico exterior y, alineados en el plano central, los cinturones de objetos helados (Cinturón de Kuiper y Disco Disperso).

Fotografía del cometa Halley tomada en su último paso del año 1986.

Modelo Cráter Barringer

Modelo de corte transversal de Ceres

Fotografía de Ceres tomada por la sonda Dawn de la NASA. 2015

Fotografía de Vesta tomada por la sonda Dawn de la NASA. 2012

Modelo de Ceres en comparación con la Península Ibérica

Modelo de Vesta

Modelo asteroide tipo monolito (Eros)

Modelo asteroide tipo "escombrera" volante

Escenografía inclusiva representando la localización del Cinturón de Asteroides

Meteoritos rocosos y metálicos de la Asociación Astronómica Inclusiva Viaje a las Estrellas

Modelo táctil de "estrella fugaz" fabricado a partir de una "tectita" (cristal fruto del impacto meteórico)

Escenografía general del Sistema Solar hasta el Cinturón de Kuiper

Cielo nocturno

El Diálogo Eterno con las Estrellas

Durante milenios, las estrellas han servido como brújulas para navegantes, calendarios para agricultores y escenarios para los mitos que dieron forma a nuestras civilizaciones.

Esa fascinación nace de una conexión instintiva: somos, como hemos visto, polvo de estrellas. Contemplar el firmamento es, en esencia, intentar comprender nuestros propios orígenes. Sin embargo, durante demasiado tiempo, hemos creído que esta conexión dependía exclusivamente del sentido de la vista. Hemos limitado la inmensidad del cosmos a lo que el ojo puede percibir, olvidando que el universo es vibración, energía, calor y estructura.

Hoy, reclamamos esa fascinación como un derecho universal. Entender el cielo no debería ser un privilegio de quienes pueden verlo, sino una experiencia compartida por quienes pueden sentirlo y pensarlo. Al transformar la luz en sonido y relieve, recuperamos ese asombro primigenio, permitiendo que el diálogo con las estrellas continúe a través de la piel y la memoria, recordándonos que el universo siempre ha estado ahí para todos nosotros.

El Firmamento en la palma de la mano. El Legado de Enrique Pérez-Montero

Hoy, ese legado evoluciona para derribar su última frontera: la de la visión. Las piezas que presentamos aquí, las bóvedas celestes de primavera-verano y de otoño-invierno, suponen un cambio de paradigma en la relación del ser humano con el universo. No son solo maquetas; son puentes sensoriales que permiten que el firmamento deje de ser una imagen para convertirse en una textura, una distancia y una forma que se puede recorrer con la punta de los dedos.

Estas esferas cobran un significado especial al ser la traducción física de la memoria de Enrique Pérez-Montero. Antes de que una enfermedad degenerativa le privara de la visión, este astrofísico grabó en su mente la disposición exacta de los astros. Años después, apoyado por la Universidad de Valencia y su privilegiada memoria, ha transformado ese recuerdo en estas herramientas de divulgación inclusiva. Gracias a ellas, cualquier persona puede sentir hoy las constelaciones, recorrer los caminos que las unen e identificar los principales objetos astronómicos, tal y como él los vio una vez. Su proyecto, AstroAccesible, nos abre el camino a quienes aspiramos a seguir sus pasos.

Acompaña a estas líneas un diseño concebido conjuntamente por el estudio de arquitectura Chapman Taylor (bajo la dirección de Mikel Barriola) y el equipo de la promotora SCCE. Aunque no es una escultura de un solo autor, se trata de una impresionante réplica ornamental a gran escala de un instrumento astronómico histórico.

Su diseño se inspira en las grandes esferas armilares del Renacimiento y el Barroco, muy similares a la construida por Antonio Santucci en 1582 (conservada en el Monasterio de El Escorial) o a las que custodian las bibliotecas vaticanas.

A lo largo de la historia, el cielo ha quedado inmortalizado en piedras milenarias, mapas de papel amarillento y majestuosas estructuras como esta esfera que preside el centro comercial Plaza Norte 2 en San Sebastián de los Reyes (Madrid). Sin embargo, esa inmortalidad solía estar reservada a quienes podían observar el brillo de las estrellas con sus propios ojos

Desde esta asociación, queremos que cada relieve de estas bóvedas sirva como tributo y agradecimiento a Enrique. Su transición de la observación tradicional a la vanguardia de la astronomía inclusiva no solo ha enriquecido la ciencia, sino que nos ha enseñado que el cielo no es propiedad de la vista, sino del conocimiento y del tacto.

Gracias a su generosidad y a su empeño por compartir su memoria privilegiada hoy podemos decir que el universo está, por fin, al alcance de todas las manos.

Esferas celestes inclusivas policromadas para Primavera-Verano y Otoño-Invierno 

Arqueoastronomía

El Cielo de Nuestros Ancestros: Un Viaje Táctil por la Arqueoastronomía

La arqueoastronomía es la disciplina que nos permite entender cómo las civilizaciones que nos precedieron miraban al cielo para organizar su tiempo, sus creencias y su propia supervivencia. Para los antiguos, el firmamento no era un objeto de estudio lejano, sino un mapa vivo y una guía espiritual.

Hoy, nuestra misión es democratizar ese conocimiento ancestral, rompiendo las barreras visuales para que cualquier persona, a través del tacto y la narrativa, pueda conectar con ese legado cósmico.

Esta obra es una reproducción del Planisferio de Nínive (datado hacia el 650 a.C.), uno de los tesoros más fascinantes de la astronomía antigua. Se trata de un documento clave para comprender cómo las civilizaciones mesopotámicas interpretaban el cosmos.

El Santuario de Piedra: Stonehenge

Este modelo 3D reproduce el monumento megalítico más icónico del mundo. Al recorrer con los dedos su estructura circular y la disposición en forma de herradura de sus imponentes trilitos, podemos comprender cómo las comunidades del Neolítico utilizaban estas piedras para marcar los solsticios.

Es un calendario táctil que nos enseña que la astronomía fue, desde el principio, una herramienta para entender los ciclos de la vida y la agricultura. Aquí se muestra el contraste entre el estado actual de las ruinas y la recreación de la obra tal y como fue concebida por sus creadores.

Stonehenge fue un proyecto épico de 1.500 años. Se inició hacia el 3100 a.C. con excavaciones de tierra; hacia el 2500 a.C. llegaron sus masivos bloques de piedra y, tras las últimas modificaciones cerca del 1500 a.C., el monumento fue finalmente abandonado.

El relieve del disco explica de forma táctil cómo se puede dividir la bóveda celeste para facilitar su estudio, un concepto que sigue vigente en la astronomía moderna. Además, la pieza nos habla de la cuna de la civilización y de cómo el deseo de entender el cielo es algo intrínseco al ser humano desde hace milenios.

El Hierro caido del cielo: La daga de hierro meteórico de Tutankamon

A través de estas dos piezas ornamentales, nos adentramos en uno de los capítulos más fascinantes de la historia: el uso del «hierro caído del cielo».

Civilizaciones como la del Antiguo Egipto, antes de dominar la metalurgia del hierro, veneraban este metal meteórico como un regalo divino. Al tocar estas réplicas, puedes sentir la conexión física entre un objeto manufacturado y un viajero espacial que cruzó el vacío antes de convertirse en símbolo de poder terrestre. Es la prueba de que el cielo siempre ha estado presente en nuestras manos.

Una botella lanzada por la Humanidad al océano del Cosmos

Es una botella lanzada por la Humanidad al océano del Cosmos. Fijados a las sondas Voyager, estos discos representan nuestro intento de comunicar quiénes somos y dónde estamos a quien pudiera encontrarlos. Nuevamente la forma elegida es un disco, una geometría cargada de simbolismo universal.

La exploración táctil de sus grabados te permite sentir bajo los dedos el mapa de púlsares (que triangula nuestra posición exacta en la galaxia) y los diagramas científicos que explican nuestra biología y cómo reproducir el contenido. Es el «mensaje en una botella» definitivo: un archivo de sonidos, imágenes y música de la Tierra bañado en oro para resistir miles de millones de años en el vacío.

Al recorrer estos relieves, te conectas con el mensaje más ambicioso de nuestra especie: el deseo de no estar solos y enviar un saludo a la civilizaciones que, como nosotros, se cuestionen su propia existencia.

Un Compromiso con la Divulgación Inclusiva

Estas piezas son las protagonistas, no meros invitados o solo objetos de exhibición; son herramientas de divulgación diseñadas para que el conocimiento no dependa de un solo sentido. Creemos firmemente que la fascinación por el cielo es un derecho universal.

El Disco de Nebra: el mapa estelar más antiguo que se conoce.

¡¡Fíjate bien! No es un escudo, aunque casi lo parece. Se trata del Disco de Nebra, una de las piezas arqueológicas más fascinantes de la Edad del Bronce en Europa.

Con más de 3.600 años de antigüedad, está considerado el mapa estelar más antiguo conocido en el mundo. Fue hallado en Nebra (Alemania) junto a un tesoro de armas y joyas, lo que indica que su destino final fue servir de ofrenda a los dioses.

En su superficie puedes reconocer fácilmente el Sol, una Luna creciente y un grupo de siete puntos que representan las Pléyades, un cúmulo estelar clave para los antiguos agricultores.

Gracias a los relieves de este modelo inclusivo, sentirás bajo tus dedos cómo nuestros antepasados aprendieron a «descifrar» los ciclos del cielo para determinar el momento exacto de la siembra y la cosecha.

Explorar este disco es como estrechar la mano a la humanidad de hace tres milenios. Nos enseña que el deseo de orientarnos y entender el cosmos es atemporal.

Tocar el Disco de Nebra es conectar con el mapa estelar más antiguo de la historia y recordar que, sin importar nuestra capacidad visual, todos compartimos el mismo instinto de explorar lo desconocido.

Ambas piezas nos recuerdan, asimismo, la necesidad de conservar el patrimonio cultural como legado para las generaciones futuras. Cuidar este legado es misión de todos: debemos asegurar que la sabiduría de nuestros antepasados siga siendo el motor que impulse el futuro de nuestra especie. Caminamos a hombros de gigantes.

Planisferio de Nínive. Pieza artesanal en barro siguiendo el diseño del original

Modelos del Santuario de Stonehenge. A la derecha se muestra en su estado actual. A la izquierda, tal y como fue concebido en su forma final tras 1.500 años de construcción por fases

Réplicas de las dos dagas halladas en la momia del faraón Tutankamón. Una presenta hoja y empuñadura de oro; la otra, empuñadura de oro y hoja de hierro meteórico

Réplica del Disco de Nebra

Modelo táctil del anverso y reverso del Disco de Oro de las Voyager I y II, montado en el fuselaje de ambas antes de su lanzamiento en 1972 y 1973 respecivamente

Cosmología y Astrofísica

Las primeras galaxias

Las primeras galaxias no aparecieron de inmediato tras el Big Bang. El universo primitivo era una «sopa» caliente y densa de partículas. A medida que se expandía y enfriaba, la gravedad entró en acción, agrupando las nubes de gas y polvo.

Cientos de millones de años después, estas acumulaciones de materia dieron lugar a las primeras estrellas y, posteriormente, a las primeras galaxias, conocidas como protogalaxias. Aquellas eran más pequeñas e irregulares que las actuales, pero con el tiempo —a través de fusiones y la atracción de más materia— evolucionaron hasta formar estructuras majestuosas y complejas.

Este modelo táctil representa el resultado de esa evolución: una galaxia espiral. Al recorrerla con los dedos, podrás apreciar la estructura en remolino y los brazos definidos de estos gigantes cósmicos.

Nuestra galaxia, la Vía Lántea

Nuestra galaxia, con una edad estimada de unos 13.600 millones de años, se formó poco tiempo después del Big Bang. Su historia comenzó con una inmensa nube casi esférica de gas (principalmente hidrógeno y helio) y materia oscura. Debido a la gravedad, esta nube comenzó a colapsar sobre sí misma, atrayendo cada vez más materia hacia su centro. Hoy calculamos que alberga unos 100.000 millones de estrellas, con nuestro Sol situado a unos 25.000 años luz del centro galáctico.

La forma de disco aplanado con brazos espirales que tocas en el centro no es casualidad. A medida que la nube primordial colapsaba, cualquier pequeña rotación inicial se amplificó, haciendo que girara cada vez más rápido (igual que una patinadora sobre hielo acelera al encoger sus brazos). Este giro provocó que la materia se aplanara, creando el disco donde hoy se concentran el gas, el polvo y la mayoría de las estrellas.

Por otro lado, la estructura exterior en forma de red o jaula negra representa el halo galáctico, una vasta región esférica que envuelve al disco. Las esferas blancas unidas a ella son los cúmulos globulares: densos grupos de cientos de miles de estrellas que son, en realidad, los objetos más antiguos del universo. Al formarse antes de que la galaxia terminara de aplanarse, quedaron orbitando en esta esfera exterior como auténticos «fósiles» de la infancia de la Vía Láctea.

El Big Bang en tus manos.

Imagina que todo lo que conoces estuvo, en su origen, comprimido en un punto más pequeño que un grano de arena. Esta esfera Hoberman representa el momento más trascendental de la historia del cosmos: el Big Bang. Al abrirse y expandirse en todas direcciones, nos ayuda a visualizar cómo el universo pasó de ser ese punto minúsculo a convertirse en la inmensidad que hoy habitamos.

Cuando la esfera está cerrada, simboliza la singularidad: ese estado inicial de densidad y energía infinitas. Pero al tirar de sus extremos y sentir cómo crece en todas direcciones, estás experimentando en tus manos el nacimiento del espacio y del tiempo.

La fuerza de este modelo reside en que la expansión no es algo que solo se ve, sino un movimiento mecánico que se siente. Al abrir la esfera y notar cómo la red se estira, comprendemos que el universo no explotó en el espacio, sino que el espacio mismo comenzó a crecer. Tocar este modelo es conectar con el latido original del cosmos, conscientes de que somos parte de una estructura inmensa que aún hoy sigue expandiéndose hacia lo desconocido.

El Grupo Local, nuestra galaxias más cercanas

Este modelo 3D representa nuestro vecindario cósmico inmediato: el Grupo Local. Está dominado por dos gigantes espirales, identificables aquí como las dos estructuras más grandes de color azul y blanco:

  • La Vía Láctea: Nuestro hogar.

  • Andrómeda: La estructura más grande del grupo. Situada a 2,5 millones de años luz, es algo mayor que la nuestra y se dirige hacia nosotros. Se prevé que ambas colisionen y se fusionen dentro de unos 4.500 millones de años, creando una nueva galaxia elíptica gigante.

Además, encontrarás una tercera espiral más pequeña: la Galaxia del Triángulo, probable satélite de Andrómeda.

Alrededor de estas grandes espirales orbitan más de 50 galaxias menores. En el modelo, las pequeñas esferas blancas adheridas a la red negra representan a estas galaxias enanas (o satélites) que completan la familia del Grupo Local.

La red negra en forma de jaula que conecta las galaxias en el modelo ilustra cómo estas no están dispersas al azar, sino que están ligadas gravitacionalmente y distribuidas a lo largo de estructuras filamentarias de materia oscura. El Grupo Local en sí mismo no es un sistema aislado, sino que se encuentra en las afueras de una estructura aún mayor, el Cúmulo de Virgo, y este, a su vez, inmerso en otro aún mayor denominado Laniakea, compuesto por unas 100.000 galaxias.

El Universo a gran escala

El cosmos no es un caos disperso, sino una inmensa red donde Laniakea es solo una gigantesca «ciudad». Pero, ¿qué mantiene unida esta ciudad sin que sus piezas se dispersen por el espacio?

La respuesta está en la materia oscura, esa «red invisible» que percibes en este modelo. Aunque no podemos verla, sabemos que está ahí porque su gravedad actúa como el pegamento que evita que las galaxias se separen. Lo más asombroso es que la materia visible (estrellas, planetas y nosotros) apenas supone el 5% de todo lo que existe. La materia oscura es mucho más abundante: ocupa cerca del 27% del universo. Es como vivir en una casa donde solo vemos los muebles, pero los cimientos y las paredes que lo sostienen todo son invisibles.

¿Y el resto? El 68% restante, el componente más grande y misterioso, es la energía oscura.

Si la materia oscura es el pegamento que une, la energía oscura es todo lo contrario: es el motor que empuja al universo a expandirse cada vez más rápido. Una fuerza que actúa como una especie de «antigravedad», estirando el propio tejido del espacio-tiempo.

Para explicar cómo se tejió esta red desde el principio de los tiempos, los científicos plantean teorías audaces como la Teoría de Cuerdas. Esta idea sugiere que, en el nivel más pequeño imaginable, todo está hecho de diminutas cuerdas que vibran a diferentes frecuencias, como si el universo fuera una inmensa orquesta tocando una sinfonía invisible.

De esas vibraciones surgirían la gravedad, la materia y la energía, creando este andamiaje filamentoso que tienes ante ti. Así, al recorrer esta red con tus dedos, estás sintiendo el diseño profundo de la realidad: una conexión total donde las vibraciones más ínfimas del cosmos sostienen las estructuras más colosales de la creación.

Agujeros Negros: Tocando lo Invisible

Para entender qué es un agujero negro, no basta con mirar; a veces es mejor "tocar" la gravedad. Estos dos modelos nos permiten sentir en nuestras manos las fuerzas más extremas del universo.

Modelo del embudo: El Pozo de Gravedad

  • La Curvatura del Espacio: Imagina que el espacio es una tela elástica. Este modelo muestra cómo una masa gigantesca deforma esa tela, creando un "pozo" profundo.

  • Caída Irresistible: Al recorrer con el dedo las paredes del embudo hacia abajo, sientes cómo la pendiente se vuelve cada vez más pronunciada. Esto representa la atracción gravitatoria: cuanto más te acercas al centro, más difícil es escapar, hasta que la caída se vuelve inevitable.

Modelo circular: El Ojo del Monstruo

El segundo modelo, nos muestra la imagen del agujero negro, tal y como lo fotografían los telescopios modernos.

  • El Disco de Acreción (Zona Roja/Amarilla): La textura rugosa y los colores cálidos (rojo y amarillo) que rodean el centro representan el disco de acreción. Es materia (gas y polvo) que gira a velocidades vertiginosas, chocando entre sí y calentándose tanto que brilla intensamente antes de ser devorada. Al tacto, esta zona representa la energía y el caos.

  • El Horizonte de Sucesos (El Borde Interior): Justo donde termina el color y empieza el abismo negro central, se encuentra la frontera final. Se llama horizonte de sucesos. Es el punto de no retorno: cualquier cosa que cruce esta línea —incluso la luz— quedará atrapada para siempre.

  • La Sombra: El hueco oscuro central no es vacío, es la "sombra" del agujero negro, la región de la que nada puede salir.

Si con el primer modelo sientes cómo el agujero negro deforma el espacio (la causa), con el segundo tocas la materia brillante que lo delata antes de desaparecer (el efecto). Es una forma de sostener en la palma de la mano a los gigantes más misteriosos del cosmos.

La imagen de fondo muestra la primera fotografía de un agujero negro, obtenida por el proyecto Event Horizon Telescope y presentada el 10 de abril de 2019. Se trata del agujero negro supermasivo M87*, situado en el centro de la galaxia Messier 87, dentro del Cúmulo de Virgo, a una distancia aproximada de 55 millones de años luz. La zona oscura central corresponde a la sombra del agujero negro, mientras que el anillo brillante es el disco de acreción formado por gas y polvo a altas temperaturas.

El objeto en primer plano es un modelo táctil que representa la deformación del espacio-tiempo causada por la gravedad, basándose en la Teoría de la Relatividad General.

Modelo de galaxia espiral barrada inclusiva.

Esfera de Hoberman utilizada para explicar la expansión del Universo

Modelo de la Via Láctea y su halo.

Modelo del cúmulo de galaxias denominado Cúmulo Local

Modelo del Universo  a gran escala.

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